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miércoles, 15 de febrero de 2017

Historia 2: Silencios

Ustedes sabrán, que un dúo, con 30 años de Carrera ha pisado muchos escenarios, lo que quiere decir que hemos viajado por muchos lugares, algunos muy lindos, y otros, como el de la historia que les voy a contar...
Esto pasó aproximadamente en el año 82. Nuestra carrera recién comenzaba y ya se imaginaran, Joaquin y yo estábamos llenos de ilusiones. Después del lanzamiento de Olvidame y pega la vuelta comenzaron a llamarnos de todas partes y nos surgió un show en un pueblito del Chaco, a donde fuimos sin dudar. No me acuerdo mucho del show, si se que me sorprendi por ver nuestra cara en carteles por la ciudad –en ese momento era algo alucinante, no lo podía creer-
Esa noche nos quedamos en un hotel muy de pueblo, hecho a pulmón, en el que el recepcionista era quien limpiaba, quien nos dejó las toallas en la cama y quien me haría pasar una de las peores noches de mi vida.
Me acuerdo que comí con nuestro manager, Guillermo y luego de dar una caminata junto a el por la calle principal de la ciudad, volvimos al hotel y encaminé hacia a mi habitación. En el pasillo, casi a dos habitaciones de la mía veía a dos mujeres (una mas extraña que la otra) que susurraban y me miraban, pero no le dí importancia, desde que nos habíamos presentado en Show Fantastico me pasaban cosas así todos los días.
Luego de haberme acostado, me dispuse a dormir. Ya que estaba muy cansada, no me costó mucho. Tampoco costó que un simple golpeteo en la ventana me despertase, lo que me pareció raro, teniendo en cuenta que la habitación que tenía era sin balcón y estaba en un tercer piso, ¡era imposible que alguien o algo golpease la ventana! Entonces, con lo poco precavida que soy, fui a mirar a la ventana…  y no había nada. Pensé que había sido solo mi imaginación entonces fui al baño a lavarme la cara y cuando levanté la mirada vi algo horrible.
Todavía no estoy segura de que fue. Era una persona que lo único que hacía era mirarme por el espejo. Me quedé petrificada y en ese instante esa persona (un hombre) comenzó a reir. Lo único que alcancé a decir fue “ayuda”, aunque en vano, puesto que casi ni me salía la voz.
No se como fue, pude darme la vuelta y ponerme en marcha para salir del baño. Lo logré, pero esa voz que se reía comenzó a ser más fuerte, las luces se prendían y apagaban, cuando llegué a la puerta voló hacia la puerta un gran florero que había en la habitación rompiéndose en mil pedazos justo a centímetros de mi cabeza. Mi miedo aumentó y lo único que deseaba era abrir la puerta, y no se como, pero estaba cerrada con llave. Ahí fue cuando comencé a gritar, no sabia que estaba pasando pero quería salir, solo eso. De pronto, algo – o ese alguien- me empujó con tal fuerza que me hizo volar hasta la cama. Y no podía moverme, ni gritar. Sentí que alguien se posó justo encima de mí y de a poco comenzaba a asfixiarme, al mismo tiempo sentía como mis brazos se iban lastimando, me ardían, como si mi gata me hubiese estado rasguñando. Cuando ya se me nublaban los ojos entró Joaquín.
Con una voz suave pero desesperada lo escucho decir: -Despertate, ey, reacciona. Solo ha sido un mal sueño, una pesadilla.
Abrí los ojos del tamaño de una pelota de tenis y lo miré sin poder creer lo que me estaba diciendo. Rápidamente aparté la mirada de sus ojos e hice un recorrido visual por toda la habitación. No, no encontré rastros de ese maldito conserje; llamamos a recepción y nos dijeron que esa noche no le tocaba turno de trabajo. Sigo sin poder creerlo.
Estoy contando esto porque es una situación que nunca pude sacar de mi memoria.
Ya en Buenos Aires, unos meses después recibo una carta, sin remitente, ni direcciones; en ella decía:
Si esa noche te hubieses quedado con la boquita cerrada la hubiésemos pasado muy bien.

Desde ese momento supe que aquella noche no fue una pesadilla, pero nunca tuve el valor de contar la verdad a nadie, traté de olvidar y no he podido. Pero lo que siempre quiero recordar es que gracias a mi hermano, esa noche transcurrió conmigo sana y salva.

Historia escrita por Atti BR y Ricardo F.

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